Los tiempos cambian y con ellos las estrategias políticas,
así ocurre en el caso del enfrentamiento con el gobierno de Fidel
Castro. Muchos de los que en 1961 apostaban por la lucha armada, hoy
están dispuestos a llevar la pelea, no a balazos en la
montaña o en la costa sino, sobre la mesa de las negociaciones con
quien, pese o todos los esfuerzos por derrocarlo, aún detenta el poder
absoluto en Cuba. Esta disposición para dialogar con el enemigo
irreconciliable no desmerece un ápice el heroísmo que se
tuvo al combatirlo militarmente, por el contrario, sólo el que
está seguro de los principios morales alza una bandera de paz que
lejos de dar dividendos políticos o económicos, lo primero
que trae sobre el que la sostiene son críticas e injurias.
¿Quiénes están contra el diálogo como
solución a la tragedia Cubana?
El primer antidialoguero es Fidel Castro. Conoce mejor que el resto de sus
compañeros de trinchera (comunistas o no) que una mesa de
negociaciones serias puede convertirse en una bomba de tiempo contra su
autocrático sistema, sabe que por negociar con opositores y no
aplastarlos como ordena el manual de marxismo-leninismo, los comunistas
perdieron el poder en Rusia, Checoslovaquia, Polonia, Bulgaria, RDA, y
que si sus amigos chinos aún se mantienen en el poder es porque
enviaron tanques como respuestas a las peticiones "dialogueras" de los
estudiantes en 1989.
Fidel no acepta el diálogo porque es un "mal negocio". Ha invertido
mucho dinero y con buenos resultados, para crear ante la opinión
pública internacional la imagen de un exilio cavernícola,
sediento de sangre y venganza, no sería rentable pues, aceptar a
estas alturas que entre esos cubanos exiliados los hay que, sin la menor
intención de rendirse en su búsqueda de la democracia,
poseen sangre fría suficiente para discutir de manera civilizada,
con quien sea liberación de los 11 millones de rehenes del
totalitarismo cubano, todo con tal de evitar que Cuba termine por
convertirse en una versión gigante de lo que aconteció
recientemente en la embajada japonesa del Peru. Desgraciadamente Castro
parece empecinado en seguir dando el mal ejemplo que condujo a la muerte
de sus discípulos, los miembros del comando de MRTA acribillados
por las tropas élites de Fujimori por no ceder cuando aún
había tiempo.
Pero Castro no está solo en la oposición al diálogo,
tiene a su favor, aúnque parezca absurdo, a sus mas radicales
enemigos, los intransigentes del llamado "exilio histórico",
especialmente los miembros de las organizaciones paramilitares que
todavía creen en la guerra como la única vía para
liberar a Cuba del Comunismo. Entre los críticos mas furibundos de
la estrategia del diálogo tenemos los Comandos F-4, El Ejercito de
Liberación Nacional, y El Frente Unido de Liberación
Nacional, por citar algunos grupos.
La linea del diálogo suelen ser atacadas desde posiciones
diferentes aúnque a veces entremezcladas; la de los moralistas, la
de los escépticos y las de los que temen una solución que
los deje fuera como protagonistas del cambio. Para el moralista quien
dialoga corre el peligro de "infestarse" de "castroeteritis", considera al
"dialoguero" un ser sin honra que pretende sobarle el lomo al culpable del
hundimiento económico y moral de Cuba. Quizas acepte a dialogar con
alguna figura del regimen pero nunca con el que realmente manda, olvida
que en el sistema de poder cubano no existen estructuras independientes, y
que si algun día una revuelta palaciega sacara del juego al
máximo jerarca, entonces ya no tendría sentido dialogar pues
como dice el slogan, "No Castro, no problem".
El escéptico suele ser más respetuoso en su
definición del que dialoga, en quien ve a un ingenuo, alguien que
no comprende lo dificil que es lograr la democratización por el
camino de la negociacion con Fidel Castro. Por último están
a los que sí creen en los resultados del diálogo y temen un
"Violetazo" (en alusión al transito que se dio en Nicaragua con la
elección de Violeta de Chamorro), preferieren que Cuba
continúe regida por el comunismo antes de que transite un camino
similar al nicaragüense, donde se paso de un régimen pro marxista,
a uno mas democrático pero tutelado por el ejército
sandinista. Son estos los sectores que llaman "Conciliabulo" a Concilio
Cubano y alertan contra un posible "Elizardazo" que deje fuera a los
grupos del exilio al tiempo que conceda garantías y cuotas de poder
a los representantes del viejo régimen. Esta actitud se
manifestó claramente durante la visita de Elizardo Sánchez a
Miami en enero de este año a quien La Junta Patriótica
Cubana considero "Persona Non Grata". La intolerancia no tuvo en cuenta
los años de cárceles y las agresiones físicas
sufridas por Sánchez, ni que éste continúa luchando
a su manera en Cuba, no en Suecia o España. Condenaron a un hombre
al que el propio Fidel Castro llama "tipejo contrarrevolucionario sumando
a las campañas de la CIA" y que está dispuesto a seguir su
pelea en las entrañas del estado totalitario. Lo despreciaron
exactamente igual que lo despreció Julio Anguita, secretario del
Partido Comunista Español, cuando no acepto recibir a Elizardo
durante su ultimo viaje a España.
Todo cambia
El exilio cubano en Estados Unidos esta cambiando, entre otros motivos
porque se nutre de nuevas oleadas de cubanos, algunos poco politizados,
otros menos resentidos, ya que no perdiero propiedades, ni tampoco vieron
caer a sus compañeros durante la lucha guerrillera de los 60s. Los
nuevos exiliados suelen tener una perspectiva más objetiva de la
nueva mentalidad que para bien o para mal existe hoy en la
población cubana y están contribuyendo al cambio de
códigos en el discurso politico de Miami. Quizás la
señal más clara de los nuevos aires que soplan, y que
podrían algún día conducir a un debate directo entre
el exilio y el régimen cubano, lo dio una organización, que
ha mantenido siempre distancia con las que abogan por el diálogo,
se trata de La Fundación Cubano Americana, que supera a las
demás por su capacidad para el cabildeo dentro de las instituciones
gubernamentales nortemaericanas y que es por el momento en la
única fuerza material capaz de hacerle frente con sus recursos al
poderoso Partido Comunista Cubano. La Fundación, identificada
historicamente con la intransigencia ante el diálogo, fue capaz de
flexibilizar sus posiciones el 5 de septiembre de 1996. Ese día,
ante las cámaras de la CBS, el presidente de su Junta directiva
Jorge Mas Canosa, debatió sobre la actualidad y el destino de Cuba
con un disciplinado vocero de Fidel Castro, el presidente de la adocenada
"Asamblea Popular" Ricardo Alarcon. Desde el momento en que se dialoga con
un individuo comprometido con la Revolucion casi tanto como el propio
Castro se está sentando un precedente favorable para quienes
aspiramos a que un día los líderes de la diáspora
cubana y los del partido comunista discutan sin intermediarios el transito
a la democracia.
Quiénes están a favor del diálogo
En primer lugar la más grande de las pocas instituciones
inpendientes de Estado que han podido sobrevivir tras los años de
comunismo: la Iglesia Católica de Cuba, en segundo lugar la gran
mayoría de los grupos de la oposición interna, quienes
desarmados y rodeados de lobos siguen al pie de la letra la sentencia
bíblica de ser astutos como serpientes y mansos como palomas. Se
trata de las perseguidas organizaciones que se agruparon en Concilio
Cubano. Ellas le exigen permanentemente al régimen, con expresiones
"politicamente correctas", que se les reconozca legalmente su
condición de opositores y que así como se invitan
determinados exiliados a las conferencias de la Nación y
Emigración, se les invite un día a ellas a discutir con ese
mismo gobierno el modo salvar la nación cubana. Como única
respuesta los opositores en la Isla reciben cárcel, acoso de
brigadas de acción rápida y la difamación permanente
por los medios de comunicación controlados por el partido
comunista.
Dentro del exilio cubano en Venezuela y España predomina la
disposición a discutir con el gobierno de Castro la
transición a la democracia. En esas cominidades se encuentran buena
parte de las bases de los partidos que conforman la Plataforma
Democrática Cubana: Unión Liberal Cubana, Partido
Demócrata Cristiano y Coordinadora Socialdemocrata de Cuba. Tres
organizaciones que pese a sus diferencias ideológicas encuentran
como fundamento para su alianza la disposición compartida de "pasar
a Castro por la urnas, no por las armas", de hacer todo lo posible, sin
la menor concesión de principios morales, para que el
régimen entienda que la transición pacífica a la
democracia es la mejor alternativa. Castro sabe bien que aquí no se
trata de hacerle el juego, y que la Plataforma cuenta con el respaldo
internacional, que no tienen otros grupos. Contra ella sigue dos
estrategias, en primer lugar la de ignorar su propuesta, en segundo la de
confundir a la opinión publica mundial, identificando las tesis de
la Plataforma Democrática con las posiciones de la Fundación
Cubano Americana, y presentando a Carlos Alberto Montaner
prácticamente como un subordinado de Mas Canosa. Al mismo tiempo
los propagandistas del castrismo dentro de los Estados Unidos hacen lo
posible por resaltar los conflictos entre Fundación, Plataforma y
otros grupos exiliados, buscando dividir más a los opositores para
que el comunismo pueda gobernar.
Sin los contactos internacionales de la Plataforma aunque con cierto
respaldo de la social democracia española y sueca, Eloy
Gutiérrez Menoyo y su grupo Cambio Cubano vienen apostando por
discutir directamente con Fidel Castro la situación de los derechos
humanos. Menoyo tiene en su contra los efectos de furibundas
campañas de prensa antidiálogo, su origen y acento
español, que permite a algunos bromear llamando a su grupo "Cambio
Español" y el no haber sabido establecer alianza con grupos de
afines ideológicos a sus posiciones, los de los socialdemocratas
cubanos en la Isla y en el exilio. A su favor tiene una larga trayectoria
de lucha armada por la democracia en Cuba, primero contra Batista, como
figura del Directorio Estudiantil Revolucionario, y luego contra Castro,
como fundador de Alfa 66. A esto se suma largos años de
cárcel, cargados de maltratos físicos.
Viajando Menoyo a Cuba en varias ocasiones, lo que perdió en
prestigio ante los ojos del exilio histórico, lo gano ante los ojos
del ciudadano de a pie cubano, quien, víctima de la propaganda
gubernamental, creía que los alzados anticomunistas no eran
más que bandidos al servicio de la CIA. Al recibir Castro a
Menoyo, no daba un espaldarazo a su régimen, de eso se encargaron
las cancillerías extrajeras hace años, legitimaba (a su
pesar) ante los ojos de muchos de los que las combatieron, las primera
guerrillas antiestalinistas del hemisferio occidental. Desgraciadamente
los grupos beligerantes del exilio no comprendieron este importante
detalle.
Quien analice la ponencia de Eloy Gutiérrez Memoyo presentada a la
segunda conferencia "La Nación y La Emigración" celebrada
entre el 3 y el 6 de noviembre 1995 descubrirá a simple vista el
carácter subversivo del mensaje dado en la Isla. En primer lugar
afirmó que su lucha de casi 50 años ha sido por Cuba, con
esta frase refutó el monopolio sobre los intereses patrios que
pretende el castrismo. Habló de la Revolución soñada,
de la que termino devorando hijos y dividiendo a la familia; de la voz que
ha absorbido el discurso del proceso silenciando a los demás, de lo
remoto del ideario moscovita, de la colectivización del
pensamiento, del porqué de su lucha contra le marxismo-leninismo
tropical (que aún rige en la Isla, no lo olvidemos),
demostró que no todas las oposiciones estuvieron tuteladas por la
CIA, (como nos hacen creer todavía en Cuba), y habló de que
no guarda rencor contra aquellos a quienes disparó ni contra los
carcelero "extremados en sus deberes".Tras darle el gustazo al gobierno
cubano de criticar las posiciones más intransigentes del exilio, le
dio el trancazo con su llamado "inoportuno" para que se den pasos
concretos hacia la democratización: se despenalicen los actos de
opinión, exista libertad de pensamiento y palabra, que se ponga
fin a los llamados delitos de rebelión y desacato, se abran los
medios de comunicación, que se cumpla con la Declaración
Universal de Derechos Humanos, sobre la libertad de asociación y
asambleas, se reconozca por el gobierno a los monitores de derechos
humanos que actúan imparcialmente y sin ningún contubernio
extranjero, se cree una oficina de derechos humanos independiente de
cualquier orden publico, se termine la práctica indecorosa de
exigirle visado y de cobrarle a un cubano por entrar en su país, se
decrete la amnistía de los presos políticos, se revise el
código penal y se den los pasos hacia una nueva asamblea
constituyente. Menoyo cuestionó por otro lado el control de la
economía interna mientras se habren las puertas al capital
extranjero y que se convierta en pesos el salario de los empleados cubanos
salario cuando las empresas extranjeras están pagando en
dólares.
Menoyo estaba llamando claramente a una revolución del
régimen totalitario, y que se dejara de amenazar con el lobo de la
CIA o de los Estados Unidos. Menoyo llamó en La Habana, (no en
Miami, ni desde Radio Martí), a los cubanos a aceptar los riesgos,
a no temer la posibilidad inmediata del escenario pluripartidista, a fijar
una nueva república en la que se cultive una rosa blanca tanto para
los que en Cuba han defendido sus ideas con honor, como para los que en la
oposición y en el exilio han tenido la dignidad de luchar por
aquello en lo que han creído.
Con sus propuestas "dialogeras" Menoyo rompió la etiqueta de aquel
evento. Los que seguimos de cerca la realidad cubana estamos conscientes
de que el sentido de tales encuentros es el de crear una imagen de
afabilidad por parte del régimen hacia sus opositores, de hacer
creer al mundo que el también quiere dialogar, pero el truco
está en que no se permite la presencia de los que quieran realmente
la democracia en Cuba, y si se les cuela alguno como es el caso de Menoyo,
no se le invita más. Pero, ¿con tal represalia quien pierde?
¿Menoyo porque pidió democracia para Cuba o el gobierno que
desidió excluirlo? Se acusa a Menoyo de legitimar a Castro por
haber aceptado el hecho desgraciado de que es Fidel detenta el poder en
Cuba y hablarle con los títulos que Castro se quiere dar. Entonces
se tendrá que acusar también a Cristo de legitimar el
nefasto poder de Roma, cuando decía "dadle al Cesar (a quien en
ningún momento llama como se merece; tirano corrupto y cruel) lo
que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios". Si hay algo que debemos
respetar de la actitud de Jesús, aunque no se sea cristiano, y la
de Menoyo, aúnque no estemos con Cambio Cubano, es la capacidad
sobrehumana para de perdonar, de echar a un lado el deseo de venganza que
lastra el camino, no para la propia salvacion, sino para la de los otros.
A pesar de la distancias Menoyo y Cristo tienen algo en comun, superaron
al rencor, no le importó al primero que lo martirizaran en una
cruz de Judea, ni al segundo dejar la vista de un ojo en una cárcel
de Cuba.
Racionalidad del diálogo
Para comprender plenamente la estrategia del diálogo, no hay que
entenderlo como un discurso cuyo único destinatario es Castro. El
mensaje del diálogo se dirige en primer lugar al pueblo de Cuba y
en segundo al mundo. Solo se entiende la razón del diálogo
cuando se sabe cómo piensa el confundido pueblo de la Isla, ese
sector todavía determinante, al que se le ha hecho temer un exilio,
que en supuesta revancha traería desahucios, discriminación,
venganza, del cierre de las escuelas y los hospitales públicos (que
mal que bien aún funcionan). El mensaje del diálogo es para
los gobiernos del mundo que no quieren ver a Cuba convertida en una nueva
Yugoslavia, y que defienden con mas o menos militancia la permanencia del
castrismo como antídoto contra el caos, y para los miles de
interesados en Cuba que siguen creyendo que el conflicto de la Isla se
desarrolla todavía entre guerrilleros y bastistianos, de un lado
gorilas y torturadores y del otro justicieros populistas disfrazados de
"hermanos del bosque".
Los que sostienen la tesis de discutir con Castro no son ni cobardes ni
ingenuos, y aunque nunca fuese aceptada por el régimen la mesa de
conversaciones, eso no significara una derrota, pues habrán creado
los que honestamente llamaron a dialogar el argumento irrefutambe de que
es Fidel Castro y nadie más quien cierra la puerta del
tránsito pacífico a la democracia.
Cuba va a democratizase, pero nadie sabe cuándo ni cómo: si
por el derrumbe del sistema tras la muerte biológica de Fidel
Castro, si por un estallido social, o una sublevación del
ejército. Ninguna de estas alternativas resulta excluíble,
como sí lo es la de la permanencia eterna del comunismo. Cuba no es
un "super país" como China, donde el "socialismo de mercado"
aún parece tener larga vida.
Apostarlo todo por el diálogo como solución seria tan errado
como excluir esta alternativa, sobre todo cuando dicha exclusión se
fundamente en actitudes que tienen en cuenta sólo el honor de quien
desea pasar a la historia como un intransigente, o quedar fuera de un
gobierno de transición. No deben los cubanos olvidar que uno de los
mas bravos generales de la guerra independentista, Antonio Maceo,
dialogó, cuando fué necesario, con el máximo
representante del despotismo español en Cuba, el general
Martínez Campos, y que Maceo siguió siendo un patriota
aún cuando depuso las armas al comprender que la guerra estaba
perdida. El diálogo es una vía tan decorosa como cualquier
otra, sólo busca lograr cuanto antes y al menor costo humano
posible la libertad de un pueblo que espera y sufre hace más de
cuarenta años.
Uddevalla, 4/mayo/1997.