Marianne de Tolentino. 1995
La serie de trabajos estroboscópicos de Fernando Ureña Rib describe con elocuencia movimientos en el espacio. Son espacios sicológicos, no solo físicos. El espectador es confrontado simultáneamente con imágenes que se funden en una continua superposición de imágenes fugaces que se mueven en la misma progresión musical del staccato y se produce en él el perturbador efecto de un proyector de películas de cine cuyas imágenes van quedando lentamente paralizadas.
Steven Kaplan. Art Director Altos De Chavon. New York. 1982
En su trabajo Fernando Ureña Rib explora la estructura secreta de las formas de la naturaleza. Fernando Ureña Rib y la unidad de esa relación con el cuerpo humano. Esta exploración es muy intensa. Sus pinturas son simultáneamente apacibles e inquietantes. Tienen el poder de seducirnos.
Beatrice M. Ingram. Boston, 1984
Al examinar el trabajo de Fernando Ureña Rib uno percibe que sus imágenes son solo en apariencia simples. La yuxtaposición de ciertos elementos visuales produce poderosos o sutiles campos magnéticos. Por un lado hay una gentileza y sensualidad en las formas que hace que el espectador suspire quedamente. Pero es mucho más que eso: para Fernando Ureña Rib el arte ha de ser visto como un medio para la iluminación del hombre en sus órdenes físicos y espirituales. El grado de iluminación del espectador determinaría el impacto que su obra ejercería. Uno llega a tener conciencia de que aunque la obra de Ureña Rib encierra miríadas de paradojas su empresa mayor consiste en el viejo anhelo del hombre de armonizar esos dos mundos.
Scott Duperon. Presidente Attaché Data Link, Shell Aero Space Centre. Ottawa, Canada.
La curva, el lustre, la vítrea transparencia y la pátina nos invitan a tocar, a acariciar, a penetrar en los gratos submundos de Ureña Rib. Las imágenes en movimiento incesante de Fernando Ureña Rib nos turban profundamente. Son esculturas perpetuas del espacio. Espacios abiertos, desdoblados, contorneados, proyectados, que se esfuman o se transparentan. Un mundo de formas rondas, pulidas, finitas e infinitas, abiertas que se traslapan sobre una multiplicidad de dimensiones, pero todas moviéndose en torno a un sentido: el tacto. Un mundo onírico siempre fluido, refrescante, libre de ataduras y fronteras, más allá de los límites y de los cánones. Sus figuras se enlazan y se alzan como una pareja desnuda que volara a cielo abierto sobre los lomos de un caballo alado. Los colores se despojan imperceptiblemente de sus gamas. Como en el tiempo, la transición es permanente.
Danielle DeGarie, Escritora. Montreal, Julio de 1990
Marianne de Tolentino. El Listín Diario. Diciembre de1987. Santo Domingo.