Mi primer problema con el diálogo es que no veo claro
qué es lo que quiere decir. Quizás no puede haber
una definición precisa suya porque la idea en esencia es
ver si el régimen da algún chance, por lo
que entonces el diálogo es hablar si, cuando, entre
quienes y sobre lo que el régimen decida, como ya lo ha hecho
varias veces y hace. O aspirar a y pedir que éste dé
algo sin conversar, como cuando dejó
salir del territorio nacional que tiene tomado a cubanos de una u otra
edad, entrar de visita los que lleven tal o mascual tiempo fuera, etc,
etc.
Y mi principal problema es que no tenemos nada importante que dar
al régimen a cambio de lo que pidamos. Tenemos poco o
nada para tentarlo o forzarlo a negociar.
¿Qué vamos a ofrecerle, que no vamos a difundir
información sobre las violaciones de los derechos humanos en Cuba,
a cambio de que permita uno o cinco delegados independientes en su
seudoasamblea que se reune seis días al año, o cosas similares?
Nadie puede garantizar que la oposición va a someterse a ninguna
limitación. Y como hay poco o nada que ofrecer, el régimen
dará siempre alguna baratija de lo todo que tiene
para dar.
Por eso el régimen no tiene ningún interés en
diálogos de más importancia que los que ya se
tienen.
Otro gran problema son los personajes típicos pro (el nebuloso)
diálogo. No puedo evitar su clasificación en
ingenuos, oportunistas, o ambos. Ellos
me preocupan más que los tremendistas anti
diálogo.
Aunque, de todas formas, si alguien tuviera piezas de verdadera
negociación con el régimen podría olvidarse de
ingenuos, oportunistas y tremendistas. Porque ese alguien sería quien
participaría y obtendría lo que busca.
Hablas con admiración e interés sobre Menoyo en tu escrito.
Estudiando y juzgando a Menoyo como figura pública que es, mi
impresión es que es una buena persona, pero de poca capacidad
política, que parece ser figura de proa de intereses con recursos y con
sus agendas. Él parece vivir con todo tipo de recursos (casa,
nueva esposa e hijos, etc) dedicado profesionalmente al
diálogo. Que, como digo, consiste en hacerle todo tipo de
ruegos, gracias, exigencias, etc, al régimen, a
ver si da algún chance.
Hay personas de muchos recursos que parecen estar loquitos porque el
régimen les dé un chance. Posiblemente creen que porque
Castro está en decadencia los va dejar entrar por arriba, para que
su gobierno incluya opositores. También son antiguos
amigos de Castro que parecen estar dispuestos reconciliarse con
él.
Hay también quienes sueñan con hacer ahora bien la
revolución del 59. ¡Viran la cara al hecho de que Castro
es el mismo manipulador desalmado del 59, sólo que más
viejo y con más mañas!
Pero pasemos a los asuntos de nuestra acción práctica, que
son lo importante.
¿Sería correcto conversar con Castro si éste quisiera?
¡Por qué no! ¿Se puede ceder en lo casi nada que
tenemos? ¡Claro que no! Con esta actitud nuestra imagen
internacional es impecable, pero sin centrar nuestra lucha en
pedir una negociación para la que no tenemos nada a
negociar.
Y... ¿cuál es esa magnífica fuerza que no tenemos para hacer
a Castro dialogar, si se decide y para, con o sin
negociación, deshacernos de él?
¡Confianza, apoyo, participación en la resistencia y
acción civilizadas e inteligentes por el cambio en Cuba,
de una porción importante y creciente de la
población! Esa fuerza es la única que proporciona
un cambio civilizado, profundo, rápido y duradero. ("¡Uf,
qué complicación, tener que estar ganando y moviendo a
tanta gente!", pensarán los minipolíticos que nos gastamos.)
Otra sería la fuerza militar, que tuviera tomada media Cuba por ejemplo.
Pero eso es un sueño, intensificaría nuestra carga de
sufrimientos y no garantizaría una futura Cuba que
sirva.
Yo hablé personalmente con Menoyo en el 93 y le planteé que
no me gustaba de su grupo que no buscaba la participación popular
en Cuba, civilizada claro. Me respondió que él no podia
"hacer olas" en Cuba que disgustaran al gobierno con el cual él
estaba tratando de tener mejores relaciones.
Confío en que las reflexiones anteriores mejorarán tu
visión sobre el diálogo.