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Toda la sociedad es civil puesto que es, o debía ser, civilizada;
si no, habría que usar la arcaica división social en los
sectores civil, militar y eclesiástico. Pero siempre el gobierno
es parte de la sociedad civil. Esgrimir un esquema en que se presente la
"sociedad civil" como contraparte del "gobierno", aunque sea un
intento estratégico, es irse por las ramas al
enfrentar la tragedia de una sociedad sometida a un régimen
tiránico. Como es el caso de Cuba.
Claro que Cuba tiene derecho a tener una sociedad civil; la que es
imposible sin su principal componente, el gobierno civil: civilizado,
legítimo, democrático. Todo pueblo tiene derecho a darse
un gobierno legítimo. Derecho que no le es concedido por fuerza
extraña alguna, sino por su propia voluntad de dárselo.
Luego el problema cubano es cuestión de voluntad, de consciencia,
de convicción de que somos capaces de echar nuestra nación
adelante, en suficientes miembros de nuestra
población. Sin esas voluntad, consciencia y
convicción en el pueblo, no tendremos nunca una plena sociedad
civil, menos una parcial --¡y enfrentada a la tiranía!
¿Somos capaces de, podemos, echar Cuba adelante? A esta pregunta le
tenemos que buscar y encontrar respuesta, para empezar. Sólo
cuando tengamos una respuesta segura, clara y convincente, en el verbo y
en la acción de dirigentes seguros, claros y convincentes, se
podrá extender esa confianza en nuestra población.
Tenemos un territorio, rico y extenso, que nadie nos disputa. No existen
divisiones ni odios ancestrales en nuestra población. No estamos
dominados por fanatismos religiosos ni de otro tipo. Somos de naturaleza
sencilla, cordial, laboriosa, familiar, honesta, progresista,
inteligente.
Sólo nos falta madurez social y política --porque somos
una nación inexperta, con sólo cincuenta y seis
años de juego social libre, hace casi cuarenta. Si optamos por
seguir dejando sueltas las riendas de nuestra historia, Cuba
tendrá que esperar por otras generaciones de más coraje
intelectual, que la encaminen. Pero si nosotros, a quienes nos ha tocado
enfrentar esta etapa crítica de nuestra nación, optamos
por "aguzarnos" --como gustan decir los mexicanos--, nuestros hijos, y
nosotros también, veríamos a Cuba salir adelante.
El proceso no sería de desear y esperar que nos agucemos (esa es
la primera opción). Es de afinar y coordinar ideas quienes vamos
convenciéndonos --de verdad-- de que podemos echar Cuba adelante.
Es de crear organizaciones sociales dentro y fuera de Cuba no
gubernamentales y gubernamentales, como
asociaciones de vecinos y hasta un parlamento con representantes
legítimos de la población. Organizaciones todas de
membresías amplias y crecientes. El
régimen daría algunos zarpazos e intentaría
estratagemas, pero iría quedando aislado, ridiculizado y en
descomposición; al tiempo que nuestra sociedad civil se
extendería, profundizaría y ganaría experiencia.
Los cubanos de hoy sí somos potencialmente capaces de llegar a
edificarnos una plena sociedad civil. El primer paso sería que
algunos comenzáramos, con la agudeza requerida, a trabajar
efectivamente por ella.